Decíamos ayer, a propósito de la vuelta absurda de Ortega Cano, que Taurotoro era un grupo de mercenarios que sólo buscaban ganar dinero con el morbo. El jefe y dueño de Taurotoro está imputado por cohecho. La Fiesta es el lugar de reclusión de los tunantes más golfos de España. Cuando veamos llegar al mundo del toreo a personajes sin tradición taurina y con mucho dinero para gastar, está claro que llegan para lavar dinero negro. La Fiesta está en sus manos y en ella se cobijan.

González de Caldas es aficionado a los toros, pero sabe más de la buena vida. Vive como un marajá. Pero no es trigo limpio. Digo yo que si se demuestra que es un delincuente, las administraciones públicas le quitarán las plazas que ahora mismo administra. Y Ortega Cano ya debería haber salido al escenario para comunicar que con Caldas no va ni a tomar café.

Pero dejemos que hable la justicia, aunque esto de Caldas era más que conocido, lo mismo que otro montón de tipos que se esconden en los callejones. Este Caldas era un protegido del periodista Molés, que lo ponía como ejemplo del buen hacer taurino. El tal Molés también se ha lucrado y enriquecido con los toros. Sería bueno escucharlo ahora contar que su protegido está acusado firmemente de hacer trampas financieras.